Los cocoteros asomados a la playa sombreaban el paso juguetón de las mulatas ardientes sobre la blanca arena y se balanceaban aún tiernamente en el recuerdo de los años navegados por el Caribe cuando, como un indiano rezagado, Guillem Arnal hubo regresado a Cataluña. Y quizás porque ya estaba escrito en un libro tan antiguo como el Génesis (9:20), así como Noé al salir del arca “plantó una viña”, él decidió entonces alejar-se de las olas y adentrarse en tierra firme. Sin embargo, de la vieja Tárraco mediterránea se llevó consigo la clásica devoción dionisíaca y, a la vista de la torre Roja y la serena presencia del Montsant, en el valle prioral del río Siurana, plantó su viña sobre “montes de pizarra” llicorella, como le hubiera gustado al poeta Foix de Sarrià.
Y con familiares y amigos con quien comparte el mismo amor a la tierra construyó la bodega de Torroja del Priorat, adonde son llevadas las uvas y donde pacientemente se combina la antigua tradición con las más avanzadas técnicas enológicas con el fin de elaborar los vinos que tenemos el placer de ofrecerles. ¡Salud!
August Bover
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